Recursos narrativos: el objeto simbólico, La Tumba de Torrelucía: Exhumatio, thriller histórico y fantasía oscura

El objeto simbólico

El objeto simbólico

Término técnico: el objeto simbólico.

Hay objetos que aparecen en una escena y se van. Y hay objetos que se quedan a vivir dentro de la historia. Esta entrega de Recursos narrativos desarma el objeto simbólico.

Qué es.

Es objeto simbólico cuando un objeto significa más de lo que es. No vale por su materia ni por su tamaño: vale por todo lo que el lector ha ido cargando sobre él. Por eso puede ser diminuto y, aun así, sostener una novela entera. La teoría romántica lo separó de la alegoría con una frontera que todavía sirve: la alegoría se traduce a un significado; el símbolo siempre guarda un resto que ninguna explicación agota.

Sus características se cuentan con los dedos de una mano. Es un objeto concreto y humilde, casi siempre pequeño: una joya, una carta, una herramienta. Es recurrente: vuelve a escena una y otra vez. Es acumulativo: cada regreso trae encima todo lo que pasó desde la vez anterior, y por eso cambia de sentido al cambiar de manos, de herencia a deuda, de adorno a pregunta. Y cose lo que la trama separa: aparece en una época y reaparece en otra, y el lector acepta sin una sola explicación que las dos orillas son la misma historia. Y conviene no confundirlo con el motivo recurrente: el motivo vuelve para tejer un patrón y un ambiente; el objeto simbólico vuelve para decir, cada vez, algo que la escena no dice en voz alta.

Su importancia se mide en economía y en memoria. En economía, porque un objeto diminuto puede hacer el trabajo de páginas enteras de explicación: condensa el tema de la novela en algo que se puede ver y tocar. En memoria, porque el lector reconoce el objeto antes de pensarlo, y ese reconocimiento es una emoción: la de haber estado ahí cuando apareció la primera vez.

Su uso es un trabajo de paciencia. Se elige al principio y se planta sin subrayarlo, como quien deja una moneda sobre la mesa y sigue hablando de otra cosa. Después se le deja volver en los momentos en que la historia gira, nunca en los de relleno. Y se le permite trabajar en silencio: el autor no explica lo que el objeto significa, porque el lector ya lo sabe; lo ha ido cargando él.

Los desafíos llegan al usarlo, y son tres. El primero es explicarlo: el símbolo que el autor glosa en voz alta muere en la misma frase, porque le roba al lector su parte del trabajo. El segundo es repetirlo sin variación: si vuelve igual que la vez anterior, se vuelve muletilla y deja de significar. El tercero es forzarlo: un objeto elegido por lo que debería simbolizar, y no nacido de la trama, se nota pegado, como una etiqueta sobre la escena.

La clave está en que vuelva distinto. Cada regreso debe sumarle un sentido nuevo. Si vuelve igual, sobra; si vuelve cargado con lo que pasó desde entonces, significa; y en Torrelucía se comprueba con un broche de 1,5 cm.

El ejemplo en Torrelucía. La teoría se comprueba cuando un objeto hace todo eso delante del lector. En «La Tumba de Torrelucía: Exhumatio» ese objeto es el broche felino de Jorge: 1,5 cm de oro en la solapa de un arqueólogo. En él se juntan todas las propiedades: es pequeño y concreto, vuelve en cada época y regresa distinto, porque cambia de manos y de sentido. Con Jorge es el oficio hecho joya: lo lleva el cazador de historias que bajó a la tumba en 1994 y no volvió a salir. Cuando el broche pasa a su hijo Alberto, ya no es una joya: es la pregunta que la tumba dejó abierta. Y su uso es el de manual: la novela nunca se detiene a explicar lo que el broche significa; lo deja volver, y el lector hace el resto. Por eso importa: cuando Alberto regresa con él a la misma excavación, el lector ya no ve una pieza de oro, ve al padre, la deuda y la verdad enterrada que el hijo volvió a exhumar. La pieza es la misma. Lo que cambió fue todo lo demás. Así trabaja el objeto simbólico: no se explica, se reconoce, y cada aparición cobra lo que las anteriores depositaron en él.

¿Qué objeto simbólico notaste en lo último que leíste… o en lo último que escribiste? Cuéntalo en los comentarios: los escritores también exhumamos juntos. Aquí las respuestas llegan los viernes.

Las tres épocas de «La Tumba de Torrelucía: Exhumatio» cuelgan de ese broche de 1,5 cm.

La próxima entrega de la serie: EL SILENCIO NARRATIVO. Hay silencios que gritan más fuerte que cualquier diálogo.

— Sergio Del Carpio


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1 comentario en “El objeto simbólico”

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